Mi duende, en general, tiene buen carácter, más por cobardía o por vagancia, creo yo, que por cualquier otra cosa. Siempre ha sido así desde que tengo uso de razón, así que, en general es capaz de tolerar casi cualquier cosa sin demasiadas dificultades, comprende bastante bien las debilidades humanas quizá porque no hay nadie más humano y procura no alzar a nadie en un altar, solo por lo injusto que resulta tener que bajarlo.
Mi duende vive tranquilo y feliz, en su particular salón con televisión en color y consola de videojuegos, rodeado de abrazos y risas y procura no meterse con nadie, incluso aunque a veces se da cuenta que intentan provocarle, admito que a veces resulta insoportable por su aparente indiferencia, que no es tal, sino barrera.
Solo una cosa altera a mi duende y son los gritos. Los gritos de discusiones y peleas, eso le pone nervioso e irremediablemente hace que se siente en el rincón más oscuro del salón donde no puedan alcanzarle. Se queda callado y asustado y nada consigue sacarle de su ostracismo y cuando por fin vuelve a sacar la cabeza .... tarda mucho en volver a ser el mismo duende, tranquilo y feliz, tanto, que a veces he temido que no volviera jamás. Afortunadamente, siempre me las he apañado, porque en el fondo me he acostumbrado a vivir con el y por lo fácil que resulta compartir tu interior con alguien que es de sobra conocido.
1 comentario:
Cuando te haces amigo de tu propio duende, todo resulta mucho más sencillo y llevadero.
Plataforma a favor del NO al maltrato de los duendes, porque ellos nunca lo harían.
Besos
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